personajes:
UN SEÑOR
OTRO SEÑOR
Acto único
(Plaza con una laguna. Atardecer. UN SEÑOR está sentado en un banco, contemplando el agua. Entra OTRO SEÑOR.)
OTRO SEÑOR (cordialmente, algo tímido, casi como pidiendo permiso): Disculpe señor, ¿le molesta si me siento?
UN SEÑOR (ofendido, a los gritos): ¡Si usted se sienta yo me paro!
OTRO SEÑOR (sentándose): Gracias.
UN SEÑOR (se para, enojado): ¡¿Debo suponer que usted es peronista?!
OTRO SEÑOR (inmutable): ¿Debe?
UN SEÑOR (perplejo): ¿Cuánto?
OTRO SEÑOR (adoptando la postura de maestro de escuela de pueblo): Lo necesario.
(UN SEÑOR se queda pensativo unos segundos, como diez o doce. Entrecierra los ojos, preocupado. Finalmente se dibuja en su rostro una sonrisa leve.)
UN SEÑOR (cordialmente): Bueno, tiene usted razón. Me disculpo.
OTRO SEÑOR (en éxtasis, saboreando la victoria): ¡No hace falta, carajo!
UN SEÑOR: ¿Le molesta si me siento?
OTRO SEÑOR (ofendido, a los gritos): ¡Si usted se sienta yo me quedo sentado!
UN SEÑOR (sentándose): Gracias.
OTRO SEÑOR (se para, enojado): ¡¿Debo suponer que usted es epicúreo?!
UN SEÑOR: ¿Ahora?
OTRO SEÑOR (en el límite de su paciencia): ¿Cuándo si no?
UN SEÑOR: Ayer vi dos patos.
OTRO SEÑOR (muy enojado, a los gritos): ¡Señor, usted me está faltando el respeto! ¡Señor, no me queda otra opción que marcharme! (se sienta)
(UN SEÑOR se para. OTRO SEÑOR se para. UN SEÑOR se sienta. OTRO SEÑOR se sienta. UN SEÑOR se para. OTRO SEÑOR golpea el banco con su puño. UN SEÑOR se sienta, se para, se sienta.)
OTRO SEÑOR (se para, con tranquilidad): Señor, debo irme. ¿Va a venir mañana?
UN SEÑOR (con simpatía): Como todos los días, amigo.
OTRO SEÑOR: Hasta mañana entonces. (se sienta)
UN SEÑOR (se para): Hasta mañana. (comienza a irse, sin apuro. Luego de unos pasos, con sorna): ¡Peronistas!
(OTRO SEÑOR mira a UN SEÑOR que se aleja y desaparece. Se queda inmóvil contemplando la laguna. Se hace de noche. Cae el telón.)