
(click en la imagen para ampliar, como siempre…)
La tira no es graciosa, ni inteligente ni nada que se le parezca. No tiene nada de lo que se supone debería tener una historieta. Es simplemente una excusa para decir algo.
En estos días una persona -a quien no voy a mencionar porque está disfrutando de su fama y no le gusta la mala publicidad- justificó con los mismos “argumentos” del personaje de acá arriba expresiones que yo le cuestioné y que no son muy distintas a una de las que pronuncia el simpático muchacho que es interpelado por Girl Power.
En 1978 (!) el diario “El País” publicó un artículo que copio a continuacion (las negritas son mías):
“El lenguaje es machista porque la sociedad ha sido así, y la sociedad seguirá siendo machista mientras lo sea el lenguaje”, afirmó Alvaro García Meseguer, profesor de Investigación del CSIC durante una conferencia pronunciada ayer en la facultad de Filosofía de la Universidad Complutense.
Comenzó clasificando los problemas de discriminación de la mujer en dos grupos, los que se originan a niveles conscientes y los que se originan a niveles subconscientes. “Estos últimos -señaló- son los más graves y los auténticos, responsables de que las mentalidades, sentimientos y actitudes sean machistas. En ellos juega un papel fundamental el lenguaje, que induce en lo más profundo de la personalidad de cada hablante una forma sexista de captar la realidad.”
Tras extenderse sobre los aspectos léxico y estructural del idioma, el conferenciante señaló el creciente interés que existe por investigar las relaciones entre lenguaje y discriminación sexual; destacó la decisión de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades de Gran Bretaña de crear un fondo especial para estudios de este tipo, tendentes a la desaparición del sexismo del idioma inglés.
García Meseguer explicó sus estudios de sexismo comparado en diferentes idiomas, cuya cuantifificación las ordena en la misma secuencia en que las sociedades correspondientes discriminan a la mujer: desde un 1 % del finlandés; -hasta un 90 % del árabe; pasando por el sueco (un 8 %); inglés (15 %), alemán (30 %); ruso (35 %), francés: (40 % ) catalán (70 %), italiano (75 % ) y castellano (80 %).
Estamos terminando la primera década del siglo XXI y nada parece haber cambiado. Sigo con otro copy-paste de este año:
Un informe publicado hace unos meses por la American Bar Association reveló el grado de acoso homofóbico que hay en las escuelas de los Estados Unidos y cifró en alrededor del 80 por ciento los jóvenes LGBTQ que han sufrido acoso verbal en las aulas. En Gran Bretaña, dos tercios de los niños homosexuales han sufrido acoso homofóbico en la escuela, según un informe de Stonewall. El informe mencionaba que el lenguaje homofóbico utilizado por los adultos era frecuentemente la causa del problema y que la gran mayoría de los centros no habían actuado ante estos casos.
Es tarde y no tengo ganas de seguir demasiado con esto. Seguramente mi ocasional interlocutor, convencido de la inocencia de las palabras, de las bondades y la jocosidad del habla coloquial, seguirá pensando que yo no tengo humor, que soy un comisario del pensamiento y que me falta barrio. Mientras tanto, a Natalia Gaitán la mataron por ser mujer y lesbiana. Mientras tanto, los femicidios se dan a cada momento, una y otra vez. Mientras tanto, en Villa Soldati sale a flote todo el racismo repugnante de la sociedad amiga de lo coloquial.
Palabras manchadas con sangre.



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