Lucas Ayala

trepen a los techos, ya llega la aurora

spam

en los últimos días el blog se llenó de spam, más de 1000 comentarios desperdigados por varios posts… cosas de la tecnología…

igual es el único movimiento que hay por acá, así que no me puedo quejar mucho.

(la traducción es muy pobre, pero el sketch está completo)

debería postear algo, che…

diálogo

—pobre amor— dijo ella.
—se desnudó en la noche— dijo él.

un poeta olvidado

Según la Wikipedia, Vincent Hughes fue un escritor inglés que radicado en lo que hoy es Tres Lomas (pcia. de Bs. As.) escribió algunos libros y pasó rápidamente al olvido. Hace unos días me enteré por una amiga de la existencia de este hombre, que tiene una obra interesante para ser rescatada. Copio acá un soneto inédito:

Los cardos de la llanura olvidada
los héroes de las guerras perimidas
las vastas realidades perecidas
de tantos hombres justos, ¡queda nada!

Mas quedan en la tenue y soterrada
laguna de las cosas conocidas
apenas siete penas florecidas
historia por los hombres inventada.

Y queda aquella triste melodía
de cuerpos fatigados en ficciones
que rezan sin oprobio y sin valía

clamando por la última esperanza
sin nunca permitirse más fruiciones
del alma, que lo que alguien les alcanza.

Esto fue Literatura en el recuerdo, un buen momento para toda la familia…

papel #5: tautología

tautología - tus fantasmas son tus fantasmas

la crispación

personajes:
UN SEÑOR
OTRO SEÑOR

Acto único

(Plaza con una laguna. Atardecer. UN SEÑOR está sentado en un banco, contemplando el agua. Entra OTRO SEÑOR.)

OTRO SEÑOR (cordialmente, algo tímido, casi como pidiendo permiso): Disculpe señor, ¿le molesta si me siento?
UN SEÑOR (ofendido, a los gritos): ¡Si usted se sienta yo me paro!
OTRO SEÑOR (sentándose): Gracias.
UN SEÑOR (se para, enojado): ¡¿Debo suponer que usted es peronista?!
OTRO SEÑOR (inmutable): ¿Debe?
UN SEÑOR (perplejo): ¿Cuánto?
OTRO SEÑOR (adoptando la postura de maestro de escuela de pueblo): Lo necesario.

(UN SEÑOR se queda pensativo unos segundos, como diez o doce. Entrecierra los ojos, preocupado. Finalmente se dibuja en su rostro una sonrisa leve.)

UN SEÑOR (cordialmente): Bueno, tiene usted razón. Me disculpo.
OTRO SEÑOR (en éxtasis, saboreando la victoria): ¡No hace falta, carajo!
UN SEÑOR: ¿Le molesta si me siento?
OTRO SEÑOR (ofendido, a los gritos): ¡Si usted se sienta yo me quedo sentado!
UN SEÑOR (sentándose): Gracias.
OTRO SEÑOR (se para, enojado): ¡¿Debo suponer que usted es epicúreo?!
UN SEÑOR: ¿Ahora?
OTRO SEÑOR (en el límite de su paciencia): ¿Cuándo si no?
UN SEÑOR: Ayer vi dos patos.
OTRO SEÑOR (muy enojado, a los gritos): ¡Señor, usted me está faltando el respeto! ¡Señor, no me queda otra opción que marcharme! (se sienta)

(UN SEÑOR se para. OTRO SEÑOR se para. UN SEÑOR se sienta. OTRO SEÑOR se sienta. UN SEÑOR se para. OTRO SEÑOR golpea el banco con su puño. UN SEÑOR se sienta, se para, se sienta.)

OTRO SEÑOR (se para, con tranquilidad): Señor, debo irme. ¿Va a venir mañana?
UN SEÑOR (con simpatía): Como todos los días, amigo.
OTRO SEÑOR: Hasta mañana entonces. (se sienta)
UN SEÑOR (se para): Hasta mañana. (comienza a irse, sin apuro. Luego de unos pasos, con sorna): ¡Peronistas!

(OTRO SEÑOR mira a UN SEÑOR que se aleja y desaparece. Se queda inmóvil contemplando la laguna. Se hace de noche. Cae el telón.)

como venía diciendo…

trazar la línea que corte las horas por el centro mismo de la desolación